A un año de que Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos, la relación del vecino país del norte con México se encuentra en uno de los momentos más críticos que se haya presentado durante varias décadas, ante la exigencia de un combate más frontal a los carteles de las drogas que operan en nuestro país, bajo la amenaza de una operación militar por tierra por parte del gobierno gringo, lo que prácticamente sería una invasión al territorio mexicano.
En este espacio lo dijimos, que una vez que el presidente Donald Trump, resolviera el asunto de Venezuela, donde se encontraba entretenido haciendo amagos, que finalmente culminó con la detención del presidente Nicolás Maduro, quien junto con su mujer están presos en Estados Unidos, comenzaría con una presión mas fuerte hacia el gobierno mexicano, y efectivamente la presión va subiendo de nivel, pues el gobierno americano está exigiendo resultados tangibles y verificables para el combate y desmantelamiento de los grupos o redes del narcotráfico que operan en nuestro país a los que Washington ha catalogado como narcoterroristas, mientras la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, realiza esfuerzos desesperados por medio de la diplomacia para frenar toda incursión estadounidense al territorio mexicano, pero todo indica que Donald Trump está hablando muy en serio, que sus amenazas son reales, y que así como se operó en Venezuela, pudiera darse una incursión terrestre militar en suelo mexicano para tratar de desaparecer a los esos grupos delincuenciales, denominados narcoterroristas, que son una amenaza real para ambos países.
Quienes conocen toda la historia entre el gobierno americano y el mexicano, saben lo que sucedió en el pasado, saben, conocen, las veces en que el gobierno americano ha invadido el territorio mexicano y la forma en que en 1848 México perdió más de la mitad de su territorio, California, Nevada, Nuevo México, entre otros, que hoy forman parte del suelo americano; saben de la invasión en 1914 durante la revolución mexicana al puerto de Veracruz, y la conocida expedición punitiva, que fue la persecución en suelo mexicano por parte del ejército estadounidense de Pancho Villa el llamado Centauro del Norte, sin poderlo capturar, y luego cual fue la respuesta de Villa, por eso quienes creen que el gobierno de Estados Unidos no es capaz de realizar una incursión terrestre, por las buenas o por las malas a territorio mexicano, para combatir a los narcoterroristas, se están equivocando, esto no es cosa de juego, la amenaza es real, por eso el gobierno mexicano debe actuar con mucha cautela, con mucba prudencia, porque de lo contrario, se estaría en condiciones desventajosas que sería aprovechado por el gobierno de Donald Trump para lograr su acometido de meterse a nuestro país para atacar a los llamados grupos de narcoterroristas plenamente identificados por ese gobierno.
La presidenta Claudia Sheinbaum, tendrá que meterse más a fondo, actuar con más inteligencia para contener al gobierno americano que amenaza con actuar por tierra contra los narcoterroristas, quizás cumpliendo parte de sus exigencias como un mayor combate a los grupos de narcotráfico para detener y entregar a los tiburones y no pececillos como ahora se cataloga en Estados Unidos, las entregas de delincuentes que han mandado a ese país, así como la captura o entrega de algunos políticos catalogados como cómplices de estos grupos delincuenciales, plenamente identificados por Washington, aunque sea de su mismo partido, porque solamente así podrá contener una posible invasión a suelo mexicano, porque de lo que no queda duda es que Donald Trump esta dispuesto a todo, ya que después de lo que pasó en Venezuela, donde lograron extraer con éxito a Nicolás Maduro, cuando conocedores de seguridad internacional veían como prácticamente imposible que lo capturaran vivo, sino solamente muerto, se equivocaron, por lo que a partir de ahí todo puede suceder.
Estados Unidos no está jugando, está hablando muy en serio, por lo que el gobierno mexicano tiene que actuar en consecuencia, con mucha prudencia, lo cual no ha sido mucho, y que esos grupos radicales que sostienen que defenderán con todo a México, hay que verse en el espejo de Venezuela, donde Nicolás Maduro y su camarilla, armaron a la población y los enlistaron en sus filas de defensa, y que a la hora de la verdad, cuando Estados Unidos inició su operativo, no pudieron mover ni un dedo en defensa de su país, por lo que ex-presidente venezolano ahora preso en Estados Unidos donde será sometido a juicio penal.
Ante la tensa relación que se vive entre México y Estados Unidos, pues la administración estadounidense ha endurecido su postura, exigiendo resultados tangibles y verificables, surge una luz en el camino, que puede darle un aire de respiro al gobierno mexicano, resulta que un grupo de congresistas demócratas de Estados Unidos, han advertido al secretario de Estado, Marco Rubio, que una acción militar contra México sería un desastre con consecuencias políticas, económicas y de seguridad, ante la intención del presidente Donald Trump de iniciar operaciones terrestres contra los carteles del narcotráfico.
Los legisladores demócratas, en una carta, alertaron sobre los impactos de largo alcance que tendría un bombardeo sobre México, para la economía de Estados Unidos, recordando que en 2025 la inversión estadounidense en nuestro país superó los 14 mil millones de dólares, y que más de cinco millones de empleos dependen del comercio bilateral.
También hay que decirlo, aunque la postura de los legisladores demócratas se ve como una luz en el camino para México para intentar frenar a Trump en su pretensión de realizar un combate por tierra a los narcoterroristas en suelo mexicano, en realidad, es una luz tenue, casi sin brillo, ya estos mismos legisladores intentaron poner un freno al presidente estadounidense en su incursión a Venezuela, por medio de un decreto, que finalmente fracasó en el Congreso de Estados Unidos y el presidente se salió con la suya, con los resultados ya conocidos.
El gobierno mexicano se encuentra en una encrucijada, solamente intenta ganar tiempo, aunque se tiempo se agota, como se agota la paciencia de Trump que ya se vio, no se anda con rodeos. Quiere resultados más reales en el combate al narcotráfico, y todo es cuestión de tiempo. Por eso parafraseando al clásico, solamente decimos, “pobre México, tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos. Ya veremos cuáles serán los resultados.
OJITOS
La reforma electoral promovido por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, se tambalea, porque los dos aliados de Morena, el Partido Verde Ecologista de México, y el Partido del Trabajo, han dejado en claro que si se pretende desaparecer las diputaciones plurinominales, simple y sencillamente no votaran a favor de dicha reforma.
Mientras que los partidos opositores, Acción Nacional y Movimiento Ciudadano acusan que con la reforma electoral, el gobierno de morena pretende perpetrarse en el poder, con la desaparición del Instituto Nacional Electoral (INE) para crear un organismo que sea manejado por la secretaría de Gobernación, lo cual significaría regresar al pasado, a los años 70`s, los partidos aliados del morenismo se echan para atrás, y deciden no entrarle a la reforma electoral, si desaparecen las diputaciones plurinominales.
Conocido inicialmente como diputados de partido, los diputados plurinominales nacieron para darle representación a los partidos minoritarios, y visos de legalidad al partido oficial, el PRI, que siempre ganaba las elecciones constitucionales y los minoritarios siempre perdían.
Fue en el gobierno de José López Portillo cuando se realizó una reforma electoral para que nacieran otros partidos políticos, con registro condicionado, y a la vez contaran con representación plurinominal en la cámara de diputados federal, los cuales eran electos en forma indirecta, de acuerdo al porcentaje de votación de la elección directa, por lo que se incrementó el numero de curules, pues se elegían 300 diputados por voto director y cien diputados plurinominales por voto indirecto, es decir se elegían en base al porcentaje de la votación directa.
Hasta el gobierno de Miguel de la Madrid, el órgano electoral, era un apéndice de la Secretaría de Gobernación, la que se encargaba de realizar las elecciones, por lo que el gobierno estaba convertido en juez y parte de las elecciones, lo que permitió en 1988, siendo secretario de Gobernación Manuel Bartlett cometer el fraude electoral que llevó a Carlos Salinas de Gortari a la residencia de la República, ya que en una amplia proporción de la población se creyó que el ganador de la contienda presidencial fue Cuauhtémoc Cárdenas Solorzano, quien había sido postulado por el Frente Democrático Nacional (FDN) que aglutinó a cuatro partidos de izquierda.
Ya en el gobierno de Carlos Salinas como una forma de legitimarse y ante la exigencia de los partidos opositores se realizó una reforma electoral que dio paso a la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), un organismo fuera del gobierno, siendo su primer presidente el tabasqueño Arturo Núñez Jiménez, que a la postró fue gobernador de la entidad, postulado por un partido de izquierda como lo era el PRD.
En el año 2014 vino la gran reforma electoral con lo que el IFE se convirtió en Instituto Nacional Electoral (INE) con plena autonomía y recursos económicos para realizar las elecciones constitucionales a la vez que se crearon organismos autónomos, se regularon los tiempos de promoción de la elección en radio y televisión, y con ese organismo regulador de las elecciones, Andrés Manuel López Obrador, logró ganar la presidencia de la República en 2018.
Ahora con el cuento de la austeridad y que resulta muy costoso tener 200 diputaciones plurinominales, morena, cuya mayoría de militantes del ala izquierda que en el pasado lucharon por sostener las diputaciones plurinominales, alegando que es oneroso y que se ha convertido en un coto de poder de las dirigencias partiditas para entregarle a sus allegados, sin hacer campaña política las diputaciones plurinominales, con lo que llegan en forma directa al Congreso de la Unión.
Es en esta parte, donde los dos partidos aliados del gobierno, el PVEM y el PT se han atrincherado exigiendo que no deben desaparecer, ya que si el gobierno insiste en quitarlos, ellos se abrirán, por lo que sin el apoyo de estos dos partidos aliados de morena, la reforma electoral de la presidenta de la República, irá al fracaso.
Para matizar el asunto la presidenta de la República ha planteado en su mañanera, que a lo mejor no desaparezcan las plurinominales pero habría que buscar un mecanismo para que sea la población la que decida quienes deben de ser candidatos plurinominales, y ¿como hacerlo?, si son las dirigencias de los partidos políticos, bajo diversos mecanismos, quienes tienen en sus manos el registro de los candidato a loas diferentes cargos de elección popular, incluyendo las diputaciones plurinominales, que ciertamente se ha convertido en un coto de poder de las dirigencias partidistas, por lo que no están dispuestos a perder esa canonjía, pues todos los partidos minoritarios, incluyendo sus aliados, verían reducidas sus curules no solamente en el Congreso federal, sino en los congresos estatales, donde se retomaría dicha iniciativa presidencial. También el simple hecho de que el INE pierda su autonomía y otra vez quede supeditada a la secretaria de Gobernación, significaría un grave retroceso en materia electoral pues se estaría volviendo a los años 70´s en donde un solo partido ganaba las elecciones.
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