martes, 6 de septiembre de 2022

UN PRESIDENTE INCONGRUENTE

 

Vendido como una panacea, que en poco tiempo combatiría con estrategias la grave inseguridad que se estaba viviendo en el país, para restablecer la paz y la tranquilidad, el Congreso de la Unión aprobó en 2019 la creación de la Guardia Nacional de sería de carácter civil que sustituiría a la Policía Federal, que a juicio del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, era un nido de corrupción, incapaz de combatir la delincuencia organizada, incluso, porque estaban coludidos.

Pese al carácter civil de la Guardia Nacional establecida en la Constitución General de la República y en las leyes secundarias que dieron origen a su creación, en sustitución de la Policía Federal, el alto porcentaje de los elementos que la conformaron provinieron de las fuerzas armadas (Ejercito y Marina, Armada de México) y menos del cincuenta por ciento de los elementos que estaban en la Policía Federal se integraron a este nuevo organismo policiaco, bajo el mando de un general en retiro del Ejército, al igual que todos los comandantes,  por lo que desde ahí se puso en duda el carácter civil de la Guardia Nacional pues la intención desde el primer momento del presidente Andrés Manuel López Obrador es que debía formar parte de la Secretaría de la Defensa Nacional, pero las voces de los activistas de derechos humanos y académicos, que cuestionaron y exigieron que no se militariza ese organismo, por los malos antecedentes que existían en cuanto a asesinatos, torturas y violación a los derechos humanos de las personas que detenía el Ejército, hicieron que el presidente de la República cediera terreno y lo dejara como un organismo de carácter civil, que debería estar manejado por civiles, pero ahora, tres años después volvió a la cargada, y el primer paso lo ha dado la Cámara de Diputados al aprobar la iniciativa enviada por el presidente de la República  para hacerle cambios a las leyes secundarias y así poder transferir a la Guardia Nacional a manos del Ejército, lo que es considerado una ilegalidad, una “chicanada jurídica” pues Andrés Manuel López Obrador pretende pasar por encima de la Constitución General de la República que establece el carácter civil de este organismo encargado de la seguridad pública de millones de mexicanos en el país.

El mayor problema que se le presentó al gobierno morenista encabezado por López Obrador para poder transferir la Guardia Nacional a la Defensa Nacional, está en la Constitución General de la República, ya que para modificarla, y quitarle el carácter civil, forzosamente se necesitaba de dos tercios de los legisladores que integran la Cámara de Diputados para lograr la mayoría calificada, de la cual carecen, porque los legisladores opositores que están agrupados, votarían en contra a como lo hicieron  con la iniciativa de reforma constitucional a la ley de energía eléctrica que se convirtió en un sonoro fracaso para el gobierno de Morena, por eso ahora, decidieron solamente modificar las leyes secundarias, donde se necesita una mayoría simple, que entre los legisladores de Morena y sus aliados se alcanza, por lo que ya dieron el primer paso pues la Cámara de Diputados votó a favor de transferir a la Guardia Nacional al Ejército, y ahora le toca el turno al Senado de la República como cámara revisora donde se verá si se aprueba o se rechaza, dado que para diversos conocedores de la materia se trata de una “chicanada jurídica” con la que el gobierno federal está violando la Constitución General de la República que para los opositores, sociedad civil y grupos defensores de derechos humanos se estaría militarizando al país con otros fines distintos de la seguridad, y es probable que el presidente de la República esté preparando el terreno con el Ejército distribuido en todo el país, por aquello de que si el candidato a la presidencia de la República de su partido no gana, por la fuerza se quede con el poder, para intentar perpetrarse, atentando en contra de la democracia.

Como líder opositor y hasta antes de ganar la presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador fustigó seriamente al Ejército y exigió al entonces presidente de México, Felipe Calderón, que regresara al Ejército a sus cuarteles, porque no están capacitados para hacer trabajos de seguridad pública, porque solo propiciaban muertos, violaban los derechos humanos y torturaban a los detenidos para que se confesaran culpables. Con Peña Nieto también hizo lo propio, siguió cuestionando la utilización del Ejército en la seguridad pública, y reclamando que los regresaran a sus cuarteles. 

Durante su campaña política para ser presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al igual que se comprometió que en cuanto ganara la presidencia bajaría inmediatamente a diez pesos el litro de gasolina, o que él no sería como Peña Nieto y pondría en su lugar al entonces presidente de Estados Unidos Donald Trump, y ya vieron lo que pasó, también se comprometió a que en seis meses de su gobierno regresaría a los cuarteles a los elementos del Ejército Mexicano, porque no estaban capacitados para realizar tareas de seguridad pública, sino para tareas más específicas, como la defensa de la soberanía del país en caso de algún ataque de un país extranjero, pero algo cambio, Andrés Manuel López se mimetizó, se transformó, de su rechazo al Ejército como líder opositor, si bien como presidente es el jefe supremo de las fuerzas armadas, pasó a establecer un acercamiento extremo que raya en complicidad con el Ejército y la Marina, entregándole diversas tareas,  pues mientras el primero está dedicado a construir aeropuertos, carreteras, bancos de bienestar, construyen parte del tren maya, recibiendo cuantiosas sumas millonarias que no están sujetas a verificación por los órganos fiscalizadores, y se ha detectado que han usado empresas falsas para realizar trabajos,  la Marina está dedicada a administrar las aduanas, los puertos de altura,  y vigilan los aeropuertos, entre otras tantas tareas, que ningún otro presidente de la República les había dado, sin importar que los grupos delincuenciales hagan escarnio, hagan cera y pabilo de los elementos castrenses, y hasta han asesinado a elementos de la Marina, sin que haya una respuesta contundente, pues la orden es “abrazos y no balazos”.                                  

Esta actitud del presidente de la República de pasar a la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional modificando las leyes secundarias y violando la Constitución, es visto con preocupación por los grupos opositores, organizaciones civiles, y organismos de derechos humanos,  que han establecido que se trata de una militarización del país, la misma que en anteriores gobiernos cuestionó López Obrador y muchos de sus ahora cercanos colaboradores también cuestionaban,  y que ahora, a la inversa, festinan, tratan de convencer,  tratan de dar justificaciones sin encontrar la cuadratura dc lo que antes tanto criticaron, cuando cuestionaban fuertemente que se utilizara el Ejercito en tareas de seguridad pública, pues con ello se estaba militarizando  al país, pero ahora que están en el poder, se han cambiado de chips, ahora piensan y opinan al revés, lo que tanto cuestionaron en el pasado ahora lo defienden con vehemencia, pero carecen de argumentos y justificación.

¿Porqué? si con Calderón y Peña se sacó al Ejército y la Marina a las calles para hacer tareas de seguridad pública para combatir a los grupos delincuenciales  y la oposición airadamente reclamó que se estaba militarizando al país, que los regresaran a sus cuarteles,  y ahora con la entrega de la Guardia Nacional al Ejercito y con todo lo que el presidente López Obrador le ha entregado a las fuerzas armadas, esa oposición que ahora es gobierno, quiere justificar diciendo que no se trata de una militarización del país, cuando está a la vista todo lo que AMLO está haciendo que sí está militarizando al país con otros fines.

Nunca como ahora, se había visto a un presidente de la República, tan complaciente y entregado con el Ejército y la Marina, lo que huele a complicidad para lo que se ordene y mande, y no es descabellada la apreciación de los opositores al gobierno de que se trata de una estrategia del presidente que más de seguridad, es con fines electorales, López Obrador sabe que de esos 30 millones de personas que en 2018 votaron para que fuera el presidente de la República, cuando menos ahora, 15  millones no quieren saber nada de él, porque los defraudó, porque la esperanza se transformó en desesperanza, porque a cuatro años de gobierno, la inseguridad en el país no ha disminuido y los grupos delincuenciales se muestran abiertamente causando muerte y dolor, que en materia de salud a pesar de haberse comprometido que habría médicos y medicinas para millones de habitantes, no tan solo no cumplió, sino lo devastó al quitar el seguro popular y dejar a millones de personas sin atención médica y el Insabi ha resultado un rotundo fracaso al tener al frente una persona incapaz de medir la dimensión del servicio que deben prestar, que los niños con cáncer fueron abandonados a su suerte, por un gobierno que dice que primero a los pobres, que la educación está por los suelos, mas con la nueva secretaria de Educación que ni siquiera sabe cómo se aplicará la nueva reforma, que hay cero inversión en ciencia y tecnología, en fin, párale de contar, y eso sin tomar en cuenta que si se equivoca de decisión y su dedito señala a un mal candidato a la presidencia de la República, porque ese cuento de que el aspirante que salga mejor posicionado en las encuestas será el candidato, es una falsedad, AMLO decidirá, le pegará en el nivel de flotación, porque podría haber una ruptura que los lleve al fracaso, debe estar preparado.

No es posible que si como líder opositor AMLO cuestionaba a los anteriores gobiernos que al sacar al Ejercito a las calles para hacer tareas de seguridad se estaba militarizando el país, ahora con todo lo que le ha entregado al Ejército y a la Marina, incluido la Guardia Nacional, no se crea que no esté militarizando el país, que más allá de la seguridad lleva implícito otros fines, como la cuestión electoral; AMLO ya se obsesionó con el poder, y más allá de su sexenio, quiere seguir siendo el poder tras el trono, por lo que quiere dejar a un incondicional que en caso de no ganar la elección lo impondría por la fuerza y es ahí donde utilizaría a la Guardia Nacional,  Ejército y la Marina para reprimir a los opositores o líderes sociales que pudieran salir a la calle a protestar por ese hecho.

AMLO no soltará fácilmente el poder, porque ya lo probó y cree que realmente es indispensable para el país y cree que con un incondicional podrá prolongar su mandato, pero que se mire en el espejo de la historia para no cometer los mismos errores, de quienes en el pasado eligieron a sus sucesores y terminaron traicionados y algunos de ellos hasta fueron exiliados, porque el poder no se comparte y quien sea ungido como nuevo presidente de México no compartirá el poder con nadie.

La militarización va en marcha, sin que el presidente se inmute ante los reclamos de los opositores, sociedad civil y organismos defensores de los derechos humanos que le han exigido que pare la militarización del país que solo propiciará más violencia, más muertes, violaciones a los derechos humanos y torturas. El Ejercito no está preparado para tareas se seguridad pública, decía López Obrador, pero ahora en el poder, no ve, no oye, ni se inmuta ante las protestas, su terquedad se impone.

                                      OJITOS  

El Senador perredista anunció ayer en su conferencia de prensa que su voto será en contra de la iniciativa presidencial de que la Guardia Nacional pase a formar parte de la Secretaría de la Defensa Nacional, porque desde su creación se determinó que tuviera un mando civil y no un mando militar, además de que se está violando la Constitución de la Republica que establece el carácter civil de la Guardia Nacional encargada de la seguridad pública en el país.

   


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